(La foto es cortesía de Rafael Gonzales)

ADVERTENCIA:

Te escribo un artículo en el que te animo a no ir al psicólogo. Lo digo en serio, aunque el texto suene a vacile y a locura.

Hablo de un ruidito, de un zumbido que tenemos en la cabeza. Suena como un Pentium.2 a punto de despegar, como la nevera de casa de la abuela, como cuando la aguja caía sobre el disco de vinilo.

Te advierto que hay frases raras o que no vas a entender. A veces el ruido de la cabeza no se entiende bien, así son las cosas, y así es este artículo juguetón escrito desde la casilla de salida del aburrimiento.

También te advierto que, si te gusta más el Instagram que las novelas, mejor no intentes leerlo… es tediosamente largo.

ESTOY ABURRIDO DE MÍ MISMO

No es grave y no es necesario tomar medicación. Ni siquiera es necesario acudir a terapia breve y tampoco a terapia larga.

El psicoanálisis no haría más que aburrirte aún más y fastidiarte las lumbares. Cada día estoy más aburrido de mis chistes, pero sobre todo de mis teorías conspiranoicas sobre la alianza entre fisioterapeutas y psicoanalistas.

Todos nos aburrimos de nosotros mismos y es normal. La normalidad y “la vida” no se debe psico-patologizar y tampoco monetizar.

Tampoco debería ir nadie a la cárcel por hacer chistes tan absurdos o por no tener gracia. Creo yo… pero dudo sobre si debo escribir lo que pienso. Nunca se sabe.

Del mismo modo que no tener gracia, ni arte, ni duende, no es un delito, aburrirse de uno mismo NO es una enfermedad. Aburrirse de todo y de uno siete veces al mes es “pura vida”.

Aburrirse los unos a los otros… El pan nuestro de cada día dánosle hoy rezo sin querer en mi cabeza.

La cabeza es indómita, ingobernable al menos la mayor parte del tiempo. El pensamiento baila a su bola en la cabeza. Nada de bailes de salón, nada de un pasito palante, dos pa trás, el pensamiento baila sin compás, ni diapasón. Baila en plan biodanza cósmica lisérgica.

Vuelvo al aburrimiento. Miguel céntrate. (Ahora domino mi voluntad mental, pero seguro que termino en Úbeda).

Del aburrimiento han nacido las mejores obras de arte y también siestas épicas de esas de pijama, padre nuestro y orinal; siestas merecedoras de un documental con entrevistas.

¿Qué hay mejor que el arte? ¿Qué hay mejor que una siesta? ¿Existen las siestas artísticas?

Como dirían mis amados indios made in Hollywood: “Aburrimiento Bueno”.

El aburrimiento…es humus de lombriz, la mejor tierra para los árboles más hermosos.

 

SIGÁMOSNOS ABURRIÉNDONOS

 

En general somos insoportables. Damos vueltas una y otra vez a las mismas cosas, hacemos mil intentos de conseguir algo sin lograrlo, esperamos que sucedan cosas que no suceden.

También nos aburrimos de lo contrario, de ni siquiera intentarlo, de ni siquiera esperar que nada cambie.

Nos aburrimos de creer que podemos con todo el martes, y de derrotarnos el miércoles y que el jueves sea de nuevo el día donde volver a empezar.

Nos empeñamos y nos despeñamos por precipicios que vimos a miles de kilómetros. Nos chocamos dos veces con la misma piedra con cara de sorpresa. Eso es ser un ser humano.

Nos hacemos una y otra vez preguntas que creemos sin respuesta; aunque sí la tienen, pero no nos apetece escuchar la verdad o lo irremediable.

Somos la mayor parte del tiempo almas de cántaro. No sabemos por dónde nos da el aire…y no pasa nada, esa es nuestra esencia, si fuera de otra manera seriamos Elfos.

EL TONITO MENTAL

 

Nos aburrimos de nuestro tonito mental, de ese canturreo tan pegadizo de canción de verano que podría servir para la cabecera del programa de la vuelta ciclista a España.

Yo tengo un tonito, tú tienes un tonito y él tiene un tonito.

Es diferente a como suena nuestra voz, pero se le parece. Es nuestra voz, pero con acento mental. Un acento a veces insoportable. A veces es una voz percutora y martilleante. Acéptalo, no te resistas.

Es como el ruido del vecino el domingo por la mañana divirtiéndose, haciendo de la pared un colador. Un ruido que viene del otro lado y que es innegociable.

Nos cansamos de nuestra voz interior, de las constantes dudas, de nuestras propias explicaciones, de las repeticiones mentales, de las tendencias emocionales en bucle de doble tirabuzón, y vuelta la burra al prado, y que si la abuela fuma.

Somos indomables. Necesitaba decir “indomable”. Me lo ha ordenado mi pensamiento y lo he escrito.

HAY PALABRAS QUE SON MARAVILLOSAS

 

No me canso de flipar con lo bonitas y poderosas que pueden llegar a ser las palabras.

Hay palabras que saben bien en la boca, como indomable, inalcanzable o inacabado. Las palabras son capaces de todo. Son como tablas de surf, pedestales en la cresta de las olas y también como trozos de madera que nos salvan de hundirnos en un naufragio.

A veces las palabras son anclas que nos hunden y nos fijan como si fuéramos una boya.

No sé quién dijo, y si no lo dijo lo digo yo, vivimos en el lenguaje.

La última asignatura que aprobé en la carrera de Psicología, se llamaba Pensamiento y Lenguaje, la aprobé con un 4,5 que el profesor convirtió en un 5 en su ordenador tras suplicarle que me regalara medio punto.

Y puesto a confesar, la aprobé en la convocatoria extraordinaria de febrero, es decir in extremis.

Pienso, no pasa nada, no es grave, y aquel final universitario, que podía ser vergonzante y contrario al marketing basado en el prestigio académico, se convierte por “arte de pensamiento y escritura”, en algo divertido y confesable.

 

“LAS PALABRAS MENTALES” HACEN RUIDO

 

El ruido mental está servido. Pensamientos y fuerza centrífuga; pensamientos y fuerza centrípeta, pensamientos hacia dentro y hacia fuera.

El pensamiento, “las palabras mentales” circulan a toda velocidad por nuestras azoteas, chocan con las paredes del hueso del cráneo y esa velocidad, ese caos…tiene que hacer ruido.

Se chocan, se pelean, ligan unas con otras, se invitan a escapadas románticas de fin de semana, se cortan las uñas, hacen gorgoritos… No pidas imposibles, las palabras hacen ruido.

Agotados de pensar nos sentamos delante del ojo negro de la lavadora y seguimos pensando. Vueltas y más vueltas, escuchamos el sonido de agua y la ropa mojada subiendo y bajando en el tambor.

Nos aburrimos de nuestros pensamientos, nuestras cabezas son lavadoras, dentro de otras lavadoras, en relación con otras lavadoras.

El pensamiento a temporadas es caótico, no te asustes. Es como una tormenta a las cuatro de la madrugada en el mar.  Mantén la sangre fría, espera y verás amanecer… y te darán los buenos días las alegres gaviotas.

 

TAMBIÉN NOS ABURRIMOS DE LO QUE HACEMOS

 

Los que no somos estrellas del rock, hombres de estado o futbolistas con sueldos indecentes, nos aburrimos de cambiar la funda del edredón, de hacer la compra en Mercadona, de plegar camisetas, de echarnos crema en los pies y sobre todo de hacer dieta.

Pensamos sobre lo que hacemos y nos preguntamos si estamos viviendo como deberíamos. Sobre todo pasa cuando empujamos un carrito por Ikea o el Mercadona.

Pienso que esos lugares clonados y periféricos son los cruces de caminos de cualquier biografía que se precie.

Nos cansamos de todo. De pintar cuadros, de hacer fotos, de cortarles las ramas a los bonsáis…de los amigos y de las parejas. De las canciones que un día fueron himnos. De escribir y de leer artículos, de celebrar las navidades, Halloween, el Black Friday y el día de los enamorados.

Pienso que lo mejor sería que cayeran el mismo día, un día en el que gastar todos los ahorros y punto.

También pienso lo guay y lo horrible que es empujar un carrito en Ikea o Mercadona.  Según la perspectiva, según en el continente en que vivas. El pensamiento construye o destruye. Dramatiza o desdramatiza.

 

NOS ABURRIMOS DEL RUIDITO DE NUESTRAS CABEZAS

 

Todos los coches (y todas las cabezas) terminan haciendo un ruidito. Las personas también lo hacemos.

La causa es la suma de kilómetros, los frenazos y los acelerones, no cambiar el aceite a tiempo.

En la analogía de la mente, no cambiar el aceite, es no cuidarse.  Ir a toda mecha soltando chorreones de cortisol.

Los cambios de temperatura en los coches ponen los plásticos duros.

Los cerebros también con los años y los cambios de estación se ponen duros. Ser inflexible en general es muy ruidoso a nivel mental. El ruidito es culpa de los cumpleaños.

A las personas nos pasa lo mismo que a los coches, todas terminamos haciendo ruiditos, cogiendo manías, mieditos y rigideces varias. Si soltamos el volante, el coche se va a un lado, siempre al mismo. ¿Eso es la personalidad?

Casi todos pasaríamos la ITV mental y podríamos circular sin demasiado peligro, pero todos y todas, hacemos un sonidito que nos dice eso de que ya no somos unos críos.

Coge con fuerza el volante y tira. No vayas al psicólogo. Si ves que el coche se te va mucho, llama y hablamos, pero si ves que puedes, tira “palante”…como los de Alicante.

No siempre el pensamiento es aburrido o suena a vecino taladradora en mano. A veces también es una mano en el lomo, una caricia en el pelo, el rumor de unas olas besando la arena de la playa, cuando eso pasa sabemos que estamos bien.

La vida a veces también se parece a un anuncio de BMW. Disfruta de la conducción, del placer de la carretera.

Sigo.

CADA DÍA ESTOY MÁS ABURRIDO DE MIS CHISTES

Esto ya lo he dicho. Intentaré no repetirme y no hacer más chistes. Sé que no voy a conseguirlo, me conozco.

Voy a la moraleja. El aburrimiento no es grave, el ruidito tampoco. No les tengas miedo. Desdramatiza el caos. Si cierras los ojos y respiras hondo y aceptas la naturaleza del pensamiento, escucharas el sonido de las olas en la playa.

Lo mejor que puedo hacer hoy es reírme un poco de mí mismo. Hacer un poco de apología de la imperfección, del ruidito, de la tara, del descosido mental.

Me rio por pasar del humor adolescente a las imágenes de naufragios y a las metáforas oceánicas. Soy insoportable.

Y hoy por variar y no aburrir al personal, te voy a pedir que no compartas este artículo en tus redes, sobre todo si te ha gustado, guárdalo como un tesoro, que no se entere nadie que es normal el ruidito y que vayan al psicólogo a gastarse las pesetas.

 

La lavadora se apaga y puedo tender la ropa al sol.

La ropa son mis pensamientos y el sol eres tú (mi querido lector).

 

 

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Soy Experto en Psicoterapia Breve. Licenciado en Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y Master en Sexología por la Universidad de Alcalá. Estoy acreditado oficialmente como Psicólogo Experto en Coaching (PsEC)® Nº 69 Madrid. Hago Psicoterapia Breve Centrada en Soluciones en consulta privada, doy clases y escribo. Si quieres más información estaré encantado de atenderte.

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